Recuerdo cuando caminábamos por ahí, por horas, sin rumbo, cómo decías hace unos años.
Recuerdo cómo la impaciencia de niño decidía cada paso que daba.
Recuerdo como busqué, no encontré y una vez más realidad se asomaba, con ojos burlescos, frente a la ilusión de cada idea que puse en marcha.
Ayer leí esas palabras de diez años de edad. Me hicieron recordar por qué nunca dejé que esta memoria, que tantas veces me fallo, fundiera con el resto de momentos insípidos, esas horas, cuando era yo, ese que quería ser.
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